En medio de tantas transformaciones, paralelamente ha tomado fuerza creciente el privilegiamiento (con reconocimiento social y legal) de “otras” opciones vinculares de pareja (que no contemplan el pre requisito de la aceptación del contrato “a perpetuidad”), a la vez que se han ido cuestionando sistemáticamente los roles matrimoniales tradicionales, afectando sus elementos básicos vinculares, y generando cambios en la percepción de las representaciones sociales de “pareja matrimonial” y de “familia”, en el imaginario colectivo.

Y, si a lo anterior, en el escenario particular de nuestras sociedades latinoamericanas, se adicionan los influjos determinados por los cambios demográficos implicados en la masiva migración del campo a las ciudades, en el aumento de la expectativa de vida y la disminución de la tasa de natalidad (determinados por los progresos en la sanidad pública, en el mayor acceso a niveles más altos de educación, y en el acceso a métodos más efectivos de anticoncepción); más los influjos que son consecuencia de las políticas de la igualdad de condiciones civiles y de género (que en consecuencia han fomentado el “apoderamiento” que del manejo de su sexualidad han hecho las mujeres); más, los influjos de los medios de comunicación (que inducen y fomentan cambios en estilos de vida cada vez más superficiales, ´más lights´, y quizás “menos responsables”); más los influjos de la masificación del consumo y la adopción de patrones de estilo de vida que privilegian agendas particulares de hedonismos y egoísmos; y, ademáscon la fuerza de las dinámicas propias del reposicionamiento individual en las nuevas clases sociales, entendemos que es lógico que esos influjos con sus dinámicas confusas, en medio de un cambio cultural significativo y de grandes proporciones, aúnen proceso, tengan efectos “telúricos”, perceptibles en todo el entramando social.

Así entonces, “todo cambia” tan rápida y globalmente en nuestra cultura, que todas las señales nos indican que estamos mutando a una “nueva cultura”, caracterizada por el egoísmo, la inmediatez, la impaciencia, por la masificación de lo impersonal, y, que la nueva cultura está vehiculizada por el apabullante cambio en los estilos de comunicación interpersonal, propios de la revolución tecnológica –mensajería electrónica instantánea, redes sociales virtuales–, por medio de la cual, tal y como ocurre en la mayoría de las parejas que fracasan, paradójicamente estamos comunicativamente “más cerca de los más lejanos, y más lejanos y distantes de los más próximos”. 

En este contexto de cambio cultural y social, el concepto tradicional de “familia” ha entrado en un período “de crisis”, por lo que está siendo sometido de hecho, en el imaginario colectivo, a una sutil pero profunda “revisión”. 

Así, quienes fracasan matrimonialmente se ven abocados a sentir que tienen que cargar sobre sí mismos con el peso de múltiples desgracias: las derivadas de su error o de su equivocación en la selección de su pareja conyugal, vicariada a lo largo de la convivencia matrimonial; las “desgracias emocionales” relacionadas con la evidencia de la propia impotencia para haber resuelto problemáticas conyugales; las de sentirse “infortunados” y fracasados en su realización personal; las de tener que romper un pacto que han prospectado, juzgado y jurado indisoluble; la de ser los responsables del destino de los propios hijos que casi siempre han estado en el epicentro de la conflictiva de la pareja; y, selectivamente, subjetivamente, con el sufrimiento particular que representa todo el cortejo de lo que ad infinitum puede exhibir la mente del –en algún sentido– fracasado, o del liberado.

Editorial Paulinas, fiel a su lema: “Paulinas, una editorial al servicio de la vida”, pone a disposición de todos sus lectores: “¿Por qué fracasan los matrimonios hoy? Autopsias matrimoniales.”.Adquiera esta publicación en todas nuestras librerías Paulinas del país

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